París en cuatro días

Etapas obligadas, y algo más

10-ene-2010 Morena Morante

Vuelos low cost, paquetes "todo incluído", nos tienen acostumbrados a devorar cultura en muy poco tiempo, no siempre en detrimento de la calidad...

París, cuna de la democracia europea, ciudad romántica, que, al mismo tiempo, muestra orgullosa su lujo, es sin duda una de las metrópolis en las que hay que pasar una larga estancia para disfrutar plenamente de sus encantos, sus rincones, sus mercadillos, o de su gente.

Debiendo reducir la visita de la ciudad a cuatro días, hay unas etapas que son obligatorias para cualquier turista que pase por París. En primer lugar, hay que dar un paseo por los Campos Elíseos, pasando por el Ópera, mirar las tiendas, entrar en los majestuosos centros comerciales La Fayette o Primetemps, hasta llegar al solemne Arco de Triunfo.

En segundo lugar, hay que visitar la catedral de Notre Dame, uno de los edificios góticos más importantes que exisean al mundo, cuya espectacularidad de sus rosones se puede ver en todo su esplendor en un día soleado. De allí pueden dar un paseo por rue de Rivoli, los Jardines de Luxemburgo y pararse a observar el Panteón, edificio de estilo clásico, construido a finales del siglo XVIII, que alberga las tumbas de los mayores filósofos de la revolución francesa.

Lo más típico

No se pueden ir de París sin haber echado un vistazo a la Tour Eiffel, símbolo de la ciudad y de toda una época histórica en la que el hierro era la materia prima predominante. Si no les gustan las colas, se les aconseja ahorrarse la subida hasta la cumbre, pueden admirar este monumento desde los Jardines Trocadero o desde el crucero por el río Sena. A partir de 12 euros, disfrutarán de una vuelta de una hora por el río, pudiendo así observar los principales edificios de la capital parisina. Existe también la opción comida o cena en el crucero, apta para románticos, a partir de 48 euros, que es de una hora y media de duración, si reservan tienen derecho a una mejor ubicación. Los cruceros salen del museo D’Orsay.

Si se han quedado con las ganas de mirar las vistas desde la torre, no se preocupen, vayan a la Basilica del Sagrado Corazón en el barrio Le Marais, pueden subir andando o con la funicular. Desde allí pueden observar París desde el alto y aprovechar para que le hagan un retrato, ya que de camino encontrará a muchos pintores deseosos de retratarla.

Por último, quien dice París dice Louvre. Este prestigioso museo alberga obras de arte de la cultura egipcia, griega, oriental, del renacimiento italiano, pinturas de famosos autores franceses y españoles, harían falta días para visitar todos sus cuartos, aunque fuese por encima. Así que, se les aconseja coger el folleto que hay en la entrada, que le guiará por las obras principales, como “La Gioconda” de Leonardo, “La Venus de Milo” o “La Nike de Samotracia”, entre otros.

Los apasionados del arte moderna no olviden pasar por el Museo D’Orsay y el Centro Cultural Pompidou, obra del arquitecto italiano Renzo Piano. Desde allí pueden ver la fuente de Mirò y dar un paseo por el característico barrio judío.

Consejos y curiosidades

Lo que caracteriza los parisinos no es precisamente su simpatía, pero viviendo en esta ciudad se puede apreciar que lo que parece en un primer contacto difidencia no es otra cosa que educación. El parisino tiene la buena costumbre de hablar en voz baja, por ello, es un verdadero placer pasar largos ratos en las brasserie o boulangerie parisinas, donde sólo estás tú, tu libro o tus compañeros de mesa.

Eso sí, el momento de la cuenta -addition en francés- es menos placentero, ya que el precio de los café, café con leche -"café olè" (au lait) en francés- capuchino o chocolate oscila entre los 2,50 euros y los 5 euros, de hecho algunos bares que venden el café a un euro ponen fuera unos carteles como reclamo. También el agua tiene un precio prohibitivo, 7 euros el litro, así que se les aconseja pedir un caraffe, agua del grifo, gratis y buena.

Si al segundo día ya están hartos de comer las buenísimas baguettes francesas rellenas de brie, queso de cabra o camembert, con cruditè -que significa ensalada-, o las deliciosas crepes, apunten el nombre de una cadena que tiene varios establecimientos repartidos por toda la capital francesa y que sirve los platos calientes típicos de la nouvelle cuisine como potages, french fries, o confit de conard, se trata de Chez Clement, donde es posible comer un menú de dos platos por sólo 13 euros, con bebida incluida, ¡Todo un lujo en París! Por ello, suele haber cola, pero se aceptan reservas.

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